Chispa

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La felicidad reside en cada uno de nosotros de manera diferente. Anhelamos cosas distintas y fabricamos nuestro presente en busca del futuro que deseamos.

 

Mi futuro era estar rodeada de nieve.

 

Desde pequeña soñaba con ella. Cómo sería su tacto, cómo envolvía el paisaje, cómo cambiaba el ánimo… Y aunque muchos que la conocían bien a veces hablaban de lo dura que era en ocasiones, yo no podía dejar de desear tenerla entre mis manos.

 

Crecí con ese pensamiento subliminal que de alguna manera guiaba cada cosa que hacía. Empecé a investigar lugares donde éste fenómeno era habitual, realizaba cursos en los que hablaban de las condiciones y necesidades para afrontar ésta climatología, incluso puede trabajar con elementos tan fríos como la nieve pero nunca iguales.

 

 

Me nutría de libros, experiencias ajenas y mucha esperanza. Pero sabía que yo sola nunca lo conseguiría.

 

Un día apareció ÉL en mi vida. Radiante, cálido y lleno de luz. Sin saber por qué me cautivó su olor a verano.

 

Nos unimos como piezas útiles de un inmenso puzzle de necesidades y tratamos de equilibrar nuestros vacíos.

 

Pasaba el tiempo y casa vez sentía más la necesidad de atrapar, abrazar ése efímero y frío regalo de la naturaleza. Y aunque mi Sol accedía a complacerme era demasiado abrasador y no conseguíamos unirnos para lograr ver nevar.

 

Dicen que el amor lo puede todo pero no es cierto. Es mucho más fuerte la obstinación, la perseverancia y la Fe en conseguir lo que te propongas. Por eso ambos continuamos luchando.

 

Llegó Navidad, símbolo dentro de las celebraciones de paisajes nevados junta a hogares y familias felices.

 

Desde hacía tiempo no lograba disfrutar de éste periodo festivo pues sentía que mientras yo me alejaba cada vez más de mi propósito otros fácilmente lo conseguían.

 

Aquella mañana, tímidamente, vi caer algunos copos de nieve.

 

No podía creerlo!!! Estaba tan feliz!!!

 

Nerviosa quise correr a sentirla pero debía estar tranquila.

 

Me preparé. Abrí mi corazón con tanto amor que casi quedo sin respiración. Me miré en el espejo y observé que estaba más hermosa que nunca. Me invadían sentimientos maravillosos de confianza por fin. Pero sabía que aquello sería difícil.

 

Cuando me dispuse a salir y alargué mis brazos, me di cuenta. Algo iba mal. Necesitaba estar preparada y lo que para mí fue un segundo, para la vida fueros días, semanas.

 

Y ya NO estaba ahí.

 

Ya NO NEVABA.

 

El dolor fue tan intenso como si un rayo atravesara mi alma.

 

Grité, alcé los brazos con desesperación… y entonces entre mis dedos lo sentí.

 

Ahí estaba aquel pequeño copo de nieve. Débil. Frágil. Derritiéndose en mis manos.

 

Algunos piensan que estoy loca. Me dicen que cada persona viene al mundo por una razón.

 

Lo que tengo claro es, que pese a que mi corazón es ardiente, YO VI NEVAR.

 

Escrito por N.

 

 


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