No puedo ver a embarazadas ni a niños

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No puedo ver a embarazadas ni a niños

 

No puedo ver a embarazadas ni a niños

Cuando sufres una muerte gestacional y/o perinatal, con ella pierdes una gran parte de ti.

Sientes un dolor invisible al mundo, que nadie te entiende ni te comprende.

Y se desencadena un círculo vicioso que te lleva a hundirte en lo más profundo de tu alma…

La gente de tu alrededor te pregunta, quieren que les cuentes.

Algunos preguntan por morbo, otros porque realmente se preocupan por ti, aunque son los que menos.

Quizás no te sientes con fuerza para hablar de tu hijo, no estás preparada para ello todavía pero tampoco sabes muy bien qué hacer o decir…

 

No puedo ver a embarazadas ni a niños

 

El día a día es un esfuerzo por aguantar, por no derrumbarme, para que nadie me vea mal.

Me pongo una máscara que solo me quito en la intimidad de mi hogar, el lugar donde estoy a salvo del mundo, donde puedo llorar, donde nadie me juzga, donde me siento bien, donde puedo abrazar mis recuerdos, donde puedo mirar tu ecografía, acariciar mi vientre, dejar mi alma al desnudo…

Donde puedo dejar que mi cuerpo llore la muerte de mis hijos…

Pero cuando parece que ya voy encauzando la vida, que voy superando lo que ha ocurrido, casi soy capaz de hablar y dejar salir mis sentimientos, me vuelvo a derrumbar…

Me faltan las fuerzas, no tengo apoyo y no puedo hablar de ti, para nadie existes como para mi, nadie te nombra…

Yo te he sentido sin saber que ya vivías en mi, que tu alma y la mia ya se conocían, pero eso no es visible a los ojos del mundo…

 

Hay algo que no soporto aunque lo intento: No puedo ver a embarazadas ni a niños…

¿Por qué ellas si pueden disfrutar de su embarazo, de su hijo y yo no?

¿Por qué mi deseo de ser madre se esfuma entre mis manos sin poder hacer nada?

No puedo ver a embarazadas ni a niños, no puedo controlar la ira y la rabia que siento desde lo más profundo de mi ser y solo siento ganas de gritar para sacar esos sentimientos que se apoderan de mi sin control…

Es como si fuera dos personas en una, como tener dentro un demonio que te hace enloquecer cuando ves a embarazadas, cuando ves a niños y te recuerda que tu no puedes tener a los tuyos…

 

El mundo no tiene la culpa de lo que me ha ocurrido, la embarazada que me cruzo todos los días tampoco, ni el niño que rie y juega feliz con su madre…

Seguro que todos ellos viven ajenos a mi vivencia y mi dolor, pero culpo a todo el mundo por quitarme a mi hijo, no se hacerlo de otro modo…

 

Estoy superando una gran pérdida, la muerte de mi hijo y necesito tiempo, espacio, quererme, sentirme en paz contimo misma, con mi hijo, con el mundo, pero no sé como tengo que hacerlo…

 

Llega un momento que salir a la calle es un reto que me supera y me desborda…

 

Ir a trabajar cuando encima tratas con embarazadas y niños es un suplicio, ante el que luchar cada día con esa preciosa máscara que me he construido y solo me la quito al llegar a casa…

Por azares del destino, vivo el embarazo de una clienta que evoluciona mes a mes y veo como su barriga crece, como crece su alegría con sus bebé, el nacimiento de su niña y cada vez que la veo es un doloroso recordatorio de cómo sería mi pequeño, de su edad, de sus aprendizajes y de nuevo me vengo abajo…

Veo en ella y en su niña todo lo que no he podido disfrutar porque mi hijo murió dentro de mi y todavía me culpo por ello, cargo más mi mochila de dolor y sufrimiento hasta que no puedo más…

 

Decido pedir ayuda y voy al médico para que me mande al psicólogo y poder sacar todo lo que está dentro de mi y me dice:

-No te hace falta un psicólogo, tómate estas pastillitas y verás como estás más tranquila y se te pasa todo…

Ilusa de mi pienso que podría ser una buena opción y conseguir un cambio, confío en él y me doy cuenta de que con las pastillitas paso a ser un «trozo de carne con ojos».

No soy consciente de lo que hago, tengo lagunas de memoria, se me olvidan las cosas y voy como si estuviera zombie de lunes a domingo, eso si ni sientes ni padeces, no hay dolor…

¿Qué vida es esa? Así no se supera la muerte de un hijo, eso es solo un parche, engañar a mi mente, a mi cuerpo y luego ¿qué?

 

Agradezco hoy a las personas que me acompañaron siempre, sobre todo en esos días en 2006 y 2007, tan complicados y oscuros para mi y también para quien me acompañó sin saber cómo poder ayudarme.

En esa etapa me quisieron entender dentro de los recursos que tenían, me arroparon, me intentaron proteger, pero no fue suficiente…

Aún así, gracias por estar a mi lado y no dejarme sola a cada un@ de vosotr@s!!

 

Decidí dejar el tratamiento por mi cuenta, bajo mi responsabilidad y riesgo, peor ya no podía estar, sentía que estaba rozando la locura y no lo podía soportar durante más tiempo…

El tiempo pasó, la herida se fue enquistando, no supe gestionar mi dolor, no tuve ayuda para transitar mi duelo, no sabía que tenía que hacer y el tiempo seguía su curso sin más…

Años después, esa herida enquistada me molestaba, me seguía doliendo, me pedía ser curada y poder transformar todo mi dolor en amor pero no sabía cómo hacerlo.

Y esa herida enquistada y fea me explotó en la cara cuando mi tercer pequeño dejó de respirar en mis brazos con 24 horas de vida y ahí se produjo un punto de inflexión en mi vida y la necesidad de sanar mis duelos si o si sin más espera.

Pero entre la maternidad y todas la luces y sombras que aparecieron con su llegada, los ingresos hospitalarios del pequeño, visitas a los especialistas y demás, todo se retrasó de nuevo.

 

Cómo seguía sin hacer caso a lo que mi cuerpo me decía en un momento crucial para mi a nivel de salud, llegó a mi vida una persona que me habló desde el corazón de mis hijos y ahí comenzó mi verdadero camino de transición.

Con mucho cariño y dulzura me dijo que le diera su lugar a cada uno de mis hijos, que hablara de mis sentimientos ocultos, de mi rabia, mi dolor, mi impotencia…

Y así lo hice, lloré como hacía años que no lloraba y empecé a cuestionarme y a buscar ayuda para transitar mi dolor y poder superar algo que llevaba años ocultando, negándome a mi misma, sin poder sentirme bien, mirando para otro lado…

Fue entonces cuando buscando, encontré a Mónica Álvarez y su web Duelo Gestacional y Perinatal a la que estaré eternamente agradecida por todo lo que me ha ayudado en estos años atrás y por enseñarme que era posible curar esa herida enquistada.

Ella fué mi luz al final del túnel, la que me ayudó a sanar aquellas heridas enquistadas, a transitar nuevos duelos que vinieron después con consciencia y amor y a re-construirme como madre sin juicios y sin culpa.

Muchas gracias Mónica por todos aquellos momentos, por tu apoyo y ayuda!!

 

Es muy difícil gestionar las emociones que surgen durante el duelo de nuestros hijos cuando:

-Estás y te sientes sola…

-No eres capaz de ver y entender lo que te ha ocurrido…

-Vuelves a revivir una mala experiencia y no puedes salir del bucle en el que te encuentras…

-No aceptas que has perdido a tu hijo, que ha fallecido…

-Ni tu misma eres capaz de darle a tu pequeño el espacio y el lugar en tu familia…

-No puedes nombrarlo y lo invisibilizas por miedo, por no saber qué hacer…

-Estás cabreada con el mundo por quitarte a tu hijo y en todas partes tienes algo que lleva tu mente a tu bebé y vuelve a doler, vuelve a abrir tu herida…

-…

Pero esto y mucho más, lo he sabido después de muchos años de luchas y trabajo interno, de aceptar la vida y la muerte como se presentan, a pesar de no gustarme, de aceptar que no puedo esperar de los demás algo que quizás ni ellos mismos saben cómo o de qué forma hacer…

Al final, lo que sé, lo sé porque el tiempo, las experiencias vividas han sido y son mis mejores lecciones y algunas de ellas me las han enseñado mis hijos, mis grandes maestros, con sus vidas y con sus muertes a pesar de no poder abrazarlos los siento conmigo siempre… 

 

 

 Te invito a compartir tu experiencia si te has sentido identificada

o has sentido una sensación similar, no estás sola…

 

 

 

Un abrazo!!

        


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2 comentarios

  1. Hoy ha sido un día horrible, muy duro… Y necesitaba buscar a alguien que de verdad me comprendiera. Gracias por tus palabras, por abrirte y explicar que fue para ti y lo que hicistes para superarlo. Hoy no he podido contener las lágrimas en el trabajo, no he podido ponerme la máscara… Una compañera está embarazada del mismo tiempo que hace 1 mes estuve yo… Los dos nacerían en junio con una diferencia… El suyo sí… El mío no… Y la pregunta me retumba sin parar en la cabeza, me apuñala el corazón. Por qué ella sí y yo no…

    • Hola Sandra, lo siento mucho… Sin duda hay momentos en los que la emoción no se puede contener, se hace un nudo en la garganta que te ahoga y necesitas explotar y es totalmente normal. Es parte del proceso de duelo, de ese tránsito hasta llegar a aceptar la muerte de nuestros hijos y conseguir transformar todo ese dolor en amor, pero por el camino, cada mamá embarazada, cada bebé es un recordatorio constante y hay momentos complicados que duelen mucho y te derrumbas. Deja salir esa emoción no la reprimas, cuidate, date tiempo, no te autoexigas, cada duelo es único e irrepetible y necesita su tiempo para ser transitado. Nuestros hijos nos acompañarán siempre aunque no los podamos abrazar, una parte de ellos nos acompaña y su huella está en nosotras, aunque para el mundo no hayan existido…

      Para mí fue una etapa dura y que viví en soledad ya que nadie entendía cómo me sentía y eso me hundía más…

      Muchas gracias por leerme y compartir tu sentir, te mando un abrazo muy fuerte desde la distancia!!

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